Nïam-Nïam y nuestra visita al restaurante La Sucursal

Una de las cosas que más felices nos hace al equipo Nïam-Nïam, es descubrir y dejarnos sorprender. Somos exploradores natos, sin costumbres y abiertos a ser conquistados, esto se ha vuelto quizá un pequeño vicio que además nos gusta compartir.

Así fue como llegamos al Restaurante La Sucursal en Valencia, atraídos por esa reluciente estrella Michelín y con ganas de deleitarnos los ojos, los paladares y las emociones.




No podemos decir que somos facilones, somos unos enajenados de la autenticidad; y el interiorismo y la decoración del lugar despertaron nuestras ganas de sentarnos a probar el primer bocado. Ubicado en el ático del emblemático edificio Foredeck o mejor conocido como “Veles e Vents” en el puerto industrial de Valencia, La Sucursal nos da la bienvenida con un jardín vertical dentro de una enorme caja de cristal a modo de pieza objeto-deseo, enalteciendo la naturaleza como una pieza de arte protegida. A partir de aquí, todo es mar por la boca y por los ojos. Los grandes ventanales a lo largo de toda la sala encuadran un paisaje pictórico vivo que va evolucionando con el sol y creando un ambiente en contexto con los sabores que estábamos a punto de probar. El interiorismo y la decoración contemporánea enlazan la filosofía en la cocina hasta el comensal creando un diálogo congruente de la experiencia.




No os voy a mentir, una de las cosas que más nos gusta de nuestras visitas por los restaurantes de estrella Michelín es sin duda la atención. Nos encanta que nos traten bonito y aquí nos trataron de encanto. En cuanto llegamos a nuestra mesa decidí darle la espalda a la majestuosa vista para poner toda mi atención en el trabajo de la cocina; es lo que tienen los restaurantes con cocina abierta, que nos perdemos contemplando la perfección y paciencia con el que cada detalle es colocado en el plato. 

Optamos por el Menú Barca, un menú de 60€, 3 aperitivos y 4 Entradas; maridamos con un champagne Veuve Clicquot, uno de mis caprichos favoritos. 

He de confesaros que no soy fan de los mariscos ni los pescados, en realidad los soporto muy poco, pero Andrés y Gabyta son felices saboreando el mar, así es que aún sabiendo que la oferta gastronómica es de pescados y mariscos de subasta, el jefe de sala me ofreció cambiar los platos principales. Un gesto que a la fecha sigo saboreando en la mente.

Fotografía: FreeZia
Después de un interesante diálogo con la sommellier sobre la historia del diseño de las copas de champagne, abrimos el sobre negro para descubrir el menú. 

Fotografía: FreeZia
















Empezamos con Pieles sufladas, huevas, dentelles crujientes y Umeboshi, aperitivos finger food que hacen vibrar distintas partes de la boca y los ojos con texturas y sabores perfectamente equilibrados.



Fotografía: FreeZia  



Lo que más me sorprendió es la elegancia con que el sabor del mar es revelado en un mesurado ritmo ascendente. La piel suflada de bacalao y huevas de Mentaiko envolvía la boca suavemente en un único crujiente bocado.












Fotografía: FreeZia
Al llegar a la Nécora cajún y Umeboshi el mar estaba ya en todo su esplendor cautivando con las reminiscencias de sabores de hogar, de casa. Me recordó a mi infancia, cuando solíamos vivir en la playa y comíamos ese pan de cazón, una de las exquisiteces de la ciudad de Campeche donde crecí. 

Fue inevitable hacernos una foto ante la perfección geométrica de la composición del Boquerón, gel de piparras y pericana de frambuesas. Todo colores, todo viajes fugaces entre cítricos enérgicos y frescura. Al llegar a la alcachofa con jugo de ibéricos y yema curada, la fascinación de las texturas fue toda una fiesta. Fue como si los sabores se emulsionaran en el paladar, en la lengua… Este plato fue una gran experiencia. El jugo de ibéricos nuevamente nos llevaba a casa, a sensación de protección, y el contacto con la yema de huevo nos dejaba justamente en ese hogar.  






Fotografía: FreeZia
Para finalizar, la propuesta que la chef Miriam de Andrés y su equipo elaboraron especialmente para mí, fuera del menú y reemplazando al Pescado de lonja con suquet de Thai. Un espectacular cordero asado con puré de boniato… Una vez más, una gran experiencia que repetiría sin dudar. Atraída por la sugerente carne ecológica, alimentada orgánicamente, me entregue completamente a la experiencia. Bocados perfectos, suaves, jugosos, en su inmejorable punto. La plenitud del slow cooking para cerrar una tarde exquisita.

En resumen, la cocina de La Sucursal, es el resultado de una composición de colores y elementos de una armoniosa y equilibrada propuesta. Una fusión poco arriesgada y más bien prudente que respeta la autenticidad del producto, las técnicas de cocina tradicional y la temporalidad. 



Fotografía: FreeZia


Una experiencia sobria con mucho encanto que seguramente repetiría en verano para disfrutar con la misma exquisitez pero esta vez, en la terraza delante del mar.











Redacción: Cristina. Food Stylist en Nïam-Nïam